lunes, marzo 03, 2014

Entrevista a Beatriz Meyer

El Mundo de aquí, o el infierno en la cultura

Joaquín Ríos Martínez

En el contexto de la presentación del libro más reciente de la escritora Beatriz Meyer, platicamos con ella acerca de Su mundo, su proceso creativo, el infierno y la felicidad. Y de la situación incierta de las instituciones culturales en Puebla.

¿Beti, cuál es el Mundo de aquí, en tu mundo?

-El mundo de aquí en mi mundo es un lugar que le da espacio a la maravilla y a la decadencia, a lo nimio y a lo espectacular. La aventura de habitar un país como el nuestro ha ido poblando mi imaginario de imágenes y de temas que ya desde mis cuentos han asomado una y otra vez: la venganza, la desigualdad en las relaciones entre hombres y mujeres, el sometimiento, la esclavitud y el desamor.

Quizá mi contacto permanente con mujeres de todas las edades me ha hecho muy consciente de la enorme necesidad que tenemos de expresarnos, de visibilizarnos a través de las letras o de otras manifestaciones artísticas. Ese es el mundo de aquí en mi mundo: múltiples voces de mujeres que cuentan sus historias a través de mis textos, comenta la también autora de Para sortear la noche (1995), reeditada en 2005 corregida y aumentada.

¿Cómo se construyó esta novela, a partir de qué vivencias y observaciones?

-Esta novela nació como una forma de atenuar la carga emocional de estar escribiendo una novela muy violenta. Pero la configuración de mi personaje no me permitió usarla para mi distracción. Andrea fue consolidando su posición y tuve que escribir su historia, basándome en un caso que me platicó mi amiga Minerva Glockner, que en paz descanse. Ella era psicóloga especializada en atención a víctimas del delito y a veces me contaba historias terribles. Ella quería escribir un libro de relatos que nunca empezó. Me di cuenta de que Minerva me pedía escribir el caso, pero no me animé a situarlo en Puebla porque hubiera sido inverosímil, agregó la comunicóloga y escritora de Este lado del silencio (2011). Preferí llevarlo al territorio intangible de una ciudad como el DF.

Las historias de Andrea son apuntes que fui haciendo a lo largo del tiempo, cuentos y personajes inspirados en personas reales, aunque en realidad el único personaje basado en su totalidad en alguien de carne y hueso es la psicóloga Rayo, calcada de la personalidad de una querida amiga.

¿Qué es el infierno, es el mismo para unos y otras?

-El infierno es la violencia, el abuso, el maltrato, la falta de felicidad y bienestar para las mujeres. Los hombres, a pesar de que sufren los excesos e incomprensiones de la globalización y el liberalismo económico, siempre tienen maneras de salir adelante. Muchas veces es esclavizando a la esposa o a la novia para que traiga el dinero a casa. Y no digo que los hombres tengan todo asegurado, pero sí tienen muchos más espacios. Ahora, por ejemplo, la nueva administración municipal de Puebla ha incluido una aplastante mayoría de hombres en los puestos de decisión. Lo ganado en otros trienios se fue a la basura. La inercia es fuerte, casi invencible, asegura Beti Meyer.

¿El camino al paraíso normalmente pasa por el infierno?

-No creo que haya normalidad en ese concepto. No creo tampoco que debamos sufrir mucho para hacernos merecedores de un poco de felicidad y de armonía. Ese tema tan cristiano estropea la visión objetiva de lo que somos, de lo que merecemos. Las mujeres hemos pagado con muerte y dolor nuestra subordinación respecto de las instituciones patriarcales. Creo que eso ha creado una idea curiosa: el paraíso de los hombres no es el mismo que el de las mujeres.

En este sentido –agrega-, si les dieran a  escoger (a las mujeres), muchas quizá vivirían por su cuenta y visitarían a los hombres solo de vez en cuando. Pero tienen que acatar las reglas de lo social, casarse, tener hijos, mantener a la familia, olvidarse de quienes querían ser. La insatisfacción es el boleto al desastre.

¿Cuánto tiempo te llevó la escritura de esta novela?

-Me llevó cerca de dos años, pero no porque sea una novela de muchas páginas, sino porque siempre he sacrificado el tiempo de mi escritura al trabajo de otros, desde correcciones pagadas hasta la traducción de textos varios. Eso sin hablar del trabajo que desempeñaba en mi calidad de coordinadora de la desaparecida Escuela de Escritores IMACP-SOGEM. 

Aparte de mi trabajo administrativo, yo daba muchas clases en el diplomado y también muchos talleres. Esas actividades me mantenían muy en contacto con el trabajo literario y las propuestas y proyectos de mis alumnas y alumnos. Pero me alejaba de mi propio trabajo. Siempre me he confiado, quizá porque en realidad escribo muy rápido. Solo es cuestión de sentarme frente a la computadora y en unas horas tengo redactadas varias cuartillas. Lo que me lleva mucho más tiempo es corregir. Soy maniática en ese sentido.

Para finalizar ¿Qué te parece la situación que enfrenta Puebla en lo referente al arte y la cultura, sus espacios físicos y la falta de crítica social?

-Es un fenómeno complejo, y como todo lo complejo no tiene una respuesta sencilla. Hemos dejado que se impongan decisiones, caprichos de políticos, ideas de lo que “debe” ser la cultura. Las autoridades actuales, por ejemplo, no dan una. El CECAP es ejemplo de esta circunstancia. Está paralizado. No ofrece nada ni a los ciudadanos ni a los artistas y creadores del Estado de Puebla. Se pasó un año sin que saliera la convocatoria para los estímulos a la creación del FOESCAP. Y no informan siquiera porqué.

Foto de Beatriz Meyer.

Quizá con la llegada del nuevo secretario las cosas mejoren. Una buena señal es la salida del subdirector de publicaciones, quien se llevó sus negocios editoriales al IMAC, cuya directora pretende convertir la gestión cultural en “una forma de ser” con ayuda de una pléyade de extranjeros que no conocen ni la ciudad. Ese grupo llega con ínfulas cosmopolitas, deseoso de convertir a Puebla en un experimento barcelonés. Dicen los más atemperados que debemos darles la oportunidad de demostrar sus propuestas. No nos quedará más que esperar a ver los primeros resultados. Pero tratar de imponer criterios podría resultar de nuevo en el desinterés de la comunidad de creadores.

Por otra parte –continúa la autora de Sucedió un cuerpo (2012)-, la falta de unión entre artistas se debe justamente a los muchos años en que los malos administradores (aunque, aclaro, también los hubo buenos) fueron propiciando la aparición de grupos antagónicos. Eso es fácil. Basta con ofrecer algo a unos en detrimento de los otros para que la población de artistas se divida.

Hay muchos detalles de la mala gestión de algunos funcionarios que irán saliendo a la luz si de verdad se mantiene esta intención de agruparse con objeto de  cuestionar la falta de políticas públicas en torno de la cultura y de su promoción. Lo mejor será cuando se deje la discusión y se empiecen a llevar a cabo acciones, acciones, acciones. Con o sin permiso de los administradores, con o sin el consenso de los “expertos”, tan solo con las ganas de convertir el ejercicio de la cultura en una experiencia insólita, incluyente, lúcida, propositiva, libre, finaliza la también creadora de literatura infantil y juvenil. 

1 Comments:

At 3:26 p. m., Blogger beatriz meyer said...

Hola, sólo quisiera mencionar que, por un error de redacción, no se entiende que la novela "El mundo de aquí" la escribí al mismo tiempo que otra, muy violenta. Para escapar de la primera, empecé a escribir la segunda. Y la terminé primero.

 

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