lunes, junio 22, 2009

La noche del embrujo gitano


La noche del embrujo gitano

Joaquín Ríos Martínez

Aire y el universo, tierra, fuego, agua; pasión, amor, deseo fueron las estaciones por donde viajó, y nos hizo detener, el bailaor cordobés Joaquín Cortés con su espectáculo Calé (gitano en castellano), estrenado hace unas semanas en Nueva York y presentado en Puebla como primera plaza nacional en el Complejo Cultural Universitario CCU, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla el pasado viernes.

El espectáculo a media luz en el amplio escenario del auditorio desplegó a un grupo de acompañantes: 10 músicos, 6 cantaores de ambos sexos y 10 bailarinas que mezclan la danza clásica, la contemporánea y el baile flamenco en una surte de elixir errante que caracteriza la vida nómada de los gitanos y quienes se expresan a través del cuerpo y las historias musicales.

La primera mitad de Calé comenzó con complicaciones en el sonido y en la proyección de imágenes y aunque el público, más entregado que conocedor se deshacía en aplausos a la menor provocación, el divo internacional ofreció disculpas por el suceso.

Calé, su séptima coreografía, representa una retrospectiva de veintiocho años de carrera artística, durante la cual ha montado y dirigido seis coreografías que en ésta se fusionan, como Cibayí, Live, De amor y odio, Pasión Gitana y Mi soledad.

La segunda parte, en la que Joaquín Cortés participó mucho más, fue creciendo permanentemente hasta lograr casi dos horas de emociones al límite. Un "espectáculo que obedece a un viaje por mi mundo interno, al país de Nunca Jamás y que puedo exteriorizar para llevar mi cultura a todo el mundo".

Sus manos y pies volaban para descubrir a cada momento una sincronía con la música alimentada del chelo, dos guitarras, batería, percusiones y bajo, compartiendo el gozo del cante hondo y el tablado. Una fiesta donde el bailaor-torero-seductor marcó el ritmo con incansable pasión. Amagaba con terminar pero sus pies no le obedecían, la exhibición continuaba y continuaba, para improvisar pidió a la producción que elevaran el sonido del tablado y ejecutó un solo palmeado que repitió varias veces más.